domingo, 4 de julio de 2010

Astados y sociedas

Resulta que ser valiente es encerrarse en una plaza con seis astados, eso sí, con capa y espada para poder matar al bocel y como premio, sus orejas y rabo.

¿Es bonito, acaso, ver sufrir un animal? ¿Por qué castigamos con cárcel y sanciones económicas a aquellas ‘personas’ capaces de apalizar su mascota y por esto de lidiar la gente paga? Sea de la forma que sea, no intento abrir un debate, ni crear polémicas, las cosas son así y nadie hoy por hoy va a poder cambiarlas, esto es una opinión que surge tras una mala elección de noche…Pues ver mugir al cornúpeta porque un grupo de aficionados dentro de una jaula intentan cabrearlo con palos, insultos y ruido no es una sensación agradable y mucho menos si el pobre vacuno lleva sobre, un par de ferraches con bolas que a cada segundo mientras se consumen queman su crin y no le dejan ver con claridad aquello cuanto le rodea. Puede ser lógico que en media hora te entren insaciables ganas de huida y sedición y en tu fuga no encuentres a nadie con quien hablar hasta algo más tarde de la 1.38, cuando la postración es ya un compañero de noche y solo puedes que acatarla, pues aquello que busqué fueron las palabras de la chica más increíble de mi vida y por infortunio no llegaron en su momento deseado, vivir el día paralelo resulta dar mucha somnolencia.

Retomando los pobres novillos, aquel que dude de lo que hablo no sabe nada de estas fiestas tan archipopulares en nuestra sociedad, un animal descendiente del Uro, aquel al que se adoraba y animal de trabajo convertido en un objeto de burla y diversión para muchos superiores que ahora son valerosos por plantarse ante un animal acorralado en un circuito urbano cuya única salida es la llegada del manso y que sólo puede que envestir para poder librarse de tanta aberración y bochorno ciudadano…

¿Te gustaría ponerte en su pellejo, valiente?

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