¿Qué me pasa? ¿porqué no puedo dejar de pensar en no pensar en ello? En ello ¿qué? En ello nada…
No sé lo que es, tampoco sé por qué sucede. Los días que sucede es mejor pararme a pensar y tener mi mente ocupada, no permitir que las redes sociales acaparen mi memoria pero tampoco pueden hacerlo los libros de texto que tengo encima de la mesa. No sé hacia que lugar decantar mi actividad, no tengo interés por hacer nada en concreto, todo resulta atractivamente repelente y todo se hace por una obligación. Interés nulo y repunte inexistente permiten que las horas vayan pasando y yo siga frente a una pared con el escritorio lleno de libros, una calculadora, un zumo y un ordenador personal que ya ni atrae a pesar de llevar consigo infinidad de distracciones.
Es un mal sueños, nada es real, nos encontramos en el símil de la línea platónico y antes que el semáforo de la actividad se ponga verde y despierte, volverán las ganas de actuar ¿a que si?
Sólo con un gran despertar se puede comprender el gran sueño que vivimos pero a veces el sueño es la realidad y es entonces cuando dormir resulta incomodo. Saber que estás dentro de un sueño es tan difícil como llegar a saber cuando estás despierto.
Creemos estar despiertos y quizás estamos durmiendo y solo cuando creemos que vamos a la cama, nuestra mente despierta y permite entonces recuperar las ganas de hacer algo de provecho que quite esta pesadez de alma.
¿Quién decide si algo es de provecho o no?
Sin duda alguna, en un momento determinado descubrí que de esto se encargan los sueños.
Contrarealidad.